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Lo siento: estoy desaparecido. Es bastante complicado escribir en este ordenador, que no es mío, que no usa Firefox sino IE, que no usa SuSE sino WindowsXP, que en definitiva hace bastante difícil navegar (y ni os cuento escribir: me formatea el texto según la temperatura ambiente).
No voy a cerrar el blog. Creo que si hay algo que ha quedado claro en este año y pico que llevo con él es que no soy muy constante. Escribo cuando me apetece, y muchas veces soy más amante de la soledad y el silencio de lo que las buenas normas sociales pueden pretender. Hay veces que me apetecería decir algo sobre algún tema de actualidad, pero sinceramente prefiero leer lo que otros opinen. No porque crea que mis impresiones no son interesantes o importantes, sino porque son mías. Egoísta que es uno.
He tenido días compulsivos de tres entradas. Luego semanas enteras sin actualizar. Pero todo forma parte de mi normalidad. Que no tiene por qué ser normal.
Estoy empezando a plantearme usar estos meses (hasta agosto, al menos, se mantendrá esta situación) el blog como terapia. Me explico. Tengo muchos demonios dentro. Muchas fobias. Muchas espinas. Siempre he pensado que hablar las cosas, contarlas, hace que sean menos pesadas. Así que sacad conclusiones.
Esto es un aviso: en los próximos meses este blog va a ser el desagüe de mis frustraciones, dolores y fantasmas. Y os garantizo desequilibrio. Vaya si os lo garantizo. Tú, querida lectora (la única que me conoce en persona, la que nunca me deja un comentario....) ya sabes la mayoría de estas cosas. Por favor, modera tu sorpresa por las demás. No es para tanto. Y ya sabes que este fin de semana hemos quedado para emboracharnos.
A ver si me ordeno y puedo escribir todo eso. Me va a costar. No es fácil encontrar según qué palabras.
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