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Antes de empezar, quisiera dar la enhorabuena a los gallegos. No tanto por su cambio de gobierno, que también, sino por haber hecho uso de su derecho democrático a votar de una forma tan mayoritaria.
Y después de esto, os voy a contar una historia de ficción, pero que tiene visos de realidad por mezclar ambas cosas. A veces no hay tanta diferencia.
Hoy me he levantado tarde. mañana tengo un examen, y anoche estuve estudiando hasta horas inhumanas. Sé que voy a suspender, pero aun así me lo estoy preparando.
Después de desayunar y repasar la teoría (maldita introducción al Análisis Complejo, me acuerdo de la familia de Gauss y de todos los Liouville del mundo), me ha llegado la hora de comer.
Y como siempre me he sentado delante del televisor a aprovechar esta hora de descanso para ver las noticias. Sí, todavía me gusta ver esas cosas en la tele.
Un incendio en Andalucía, y grave, y provocado. No sé qué historia de John John Kennedy y Lady Di. Y otra ración de elecciones gallegas.
Viendo cómo iba este último asunto el lunes, pensé que me daría tiempo a examinarme antes de que hubiera un resultado definitivo, pero no. Por una vez los funcionarios han decidido no irse a almorzar desde las 9 hasta las 2 y el recuento en Pontevedra terminó anoche bastante tarde, así que los madrugadores se han enterado de la noticia antes que yo.
Fraga ha revalidado su mayoría absoluta.
Es una pena, pero es la decisión de los gallegos. La respeto aunque no la comparta.
Podéis imaginaros la que se ha montado en la sede del PP gallego. Sidra, cava, sonrisas, abrazos... En la calle Génova de Madrid se han podido escuichar suspiros de alivio a altos volúmenes. Más de uno ha nacido hoy de nuevo. O al menos no ha muerto del todo.
Sin embargo, en los Informativos de Telecinco han ido más alla. Se han acercado a la fiesta que se ha montado en Pontevedra, donde se encontraba el humilde conciudadano que se va a llevar su acta de diputado a casa. Un recién electo diputado popular para el parlamento gallego. Todo eran risas y aplausos, todo eran vítores y felicidades.
Hasta que una imagen, una fracción de segundo enfocada por la cámara, me ha dejado paralizado.
Justo al lado de este nuevo funcionario, se encontraba un jóven (demasiado cerca para suponer que totalmente desvinculado del partido al que pertenece el susodicho electo) que ondeaba una bandera... franquista.
Es increible. Sea dicho que el supuesto argumento de que Fraga fuera en el pasdo un ministro de Franco a mí no me parece válido (porque con la llegada de la democracia se aceptó lo que se aceptó, y eso no tiene vuelta atrás). Prero de ahí a que alguien se manifieste con una bandera pre-constitucional para celebrar un hecho tan constitucional como un resultado electroral... hay un mundo.
Y sencllamente no lo entiendo.
Y por eso lo pongo aqui, porque no lo entiendo.
Necesito que alguien me explique por qué todos hablan de defender la Constitución, de mantener este marco que tan bien nos ha ido y luego, a las primeras de cambio, todo dios a sacar sus banderas del aguilucho.
País.
Y colorín colorado, esta historia (de terror si se quiere) se ha acabado.
Pero ¿a qué viene esto?, se preguntarán algunos no con razón.
Pues se debe ni más ni menos a que quien va aformar gobierno en Galicia es el PSOE junto con el BNG. Y se debe a que hoy, mientrs veía los Informativos de Telecinco, se han emitido unas imágenes del último y nuevo funcionario que ha ganado su escaño gracias a los votos en Pontevedra. Y se debe a que justo detrás de él se encontraba un chaval luciendo y ondeando una bandera republicana.
Y a mí esas cosas no me gustan. No me parecen bien, digo.
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